La comunidad de Huitziltepec, en el municipio de Eduardo Neri, Guerrero, registró una afluencia histórica de personas durante sus celebraciones por el Día de Muertos. Con calles llenas de veladoras y ofrendas tradicionales, el festejo destacó por la preservación de sus costumbres ancestrales y una asistencia masiva que superó los registros anteriores.
Las actividades comenzaron la noche del domingo 1 de noviembre, marcadas por el sonido de las campanas de las iglesias de San José y del Inmaculado Corazón de María. La iluminación de la fachada de la iglesia del Inmaculado Corazón de María fue tan intensa que pudo observarse desde la Autopista del Sol, señalando la entrada a esta localidad cuyo nombre en náhuatl se traduce como cerro del colibrí.
Tradición y convivencia familiar en el camposanto
El camino hacia el panteón fue decorado con pétalos de cempasúchil y velas para guiar a los difuntos. En el cementerio, cientos de familias se reunieron para honrar a sus fallecidos con música, comida y luz. Entre los elementos de las ofrendas se encontraron platillos típicos como mole rojo y verde, tamales, pan de muerto y diversas frutas.
El evento no solo atrajo a los residentes locales, sino que también convocó a turistas de otros estados y a una gran cantidad de personas provenientes de Chilpancingo, interesados en presenciar una festividad que mantiene sus rasgos originales.
Preservación de las costumbres locales
Un elemento distintivo de la celebración en Huitziltepec es la participación de los menores de edad. A diferencia de otras regiones, los niños asisten al panteón con sus familias para cumplir con el rito de honrar a sus antepasados, sin involucrar disfraces o elementos de la festividad de Halloween.
De esta manera, la comunidad de Eduardo Neri reafirma su identidad cultural mediante una de las expresiones más importantes del Día de Muertos en la región.
