Una conversación casual en el transporte subterráneo de la capital británica hace más de treinta años derivó en un acto de generosidad que permitió la formación de una nueva familia. Gini Bhogal, tras hablar con una mujer llamada Anita durante un viaje en la línea Piccadilly a principios de los años noventa, decidió donarle sus óvulos para ayudarla a concebir un hijo, ya que Anita tenía problemas de fertilidad.
El inicio de un viaje compartido
Después de intercambiar números de teléfono, Gini inició un proceso de fertilización in vitro. A pesar de las dudas iniciales de su esposo, ella aseguró que «nunca tuve ninguna duda». Tras un tratamiento médico, donó 17 óvulos, de los cuales se crearon diez embriones. Nueve intentos de transferencia al útero de Anita fracasaron antes de que el décimo y último embrión resultara en un embarazo exitoso.
Nueve meses después, Anita y su esposo dieron la bienvenida a su hijo, Christopher. Aunque no existía un acuerdo formal, las mujeres mantuvieron el contacto a lo largo de los años, presentando Gini el papel de «tía Gini» para el niño, incluso cuando la familia se mudaba por trabajo.
La revelación de un secreto familiar
Christopher creció sin conocer sus verdaderos orígenes biológicos. Sin embargo, hace tres años, Anita decidió contarle la verdad, motivada en parte por la pandemia de covid-19 y la necesidad de compartir su historial médico completo. La revelación se hizo a través de una videollamada en la que también participó Gini.
«Fue una experiencia fenomenal. Sin duda, fue un momento muy emotivo para mí, mi madre y Gini destapar esta verdad», dijo Christopher. Él se describe a sí mismo como un «bebé milagro», dado lo complicado que era el proceso de fertilización asistida en aquella época.
Construyendo nuevos lazos
Tras descubrir la verdad, Christopher viajó al Reino Unido para conocer mejor a Gini y su familia extendida. Encontró notables similitudes con su madre biológica, desde gustos musicales hasta el sentido del humor. «Siento que mi vida y mi educación son muy similares a la naturaleza frente a la crianza», reflexionó.
La aceptación por parte de ambas familias fue positiva. Para Gini, el mayor reto fue contárselo a sus padres, quienes son «sijs muy estrictos». No obstante, finalmente los aceptaron como parte de la familia. Christopher ahora se refiere a este vínculo como «una familia extra».
Un legado de apertura y conexión
Ambos han decidido compartir públicamente su historia, con el apoyo de Anita. Gini reveló que desde que lo hizo, «muchas personas, especialmente mujeres del sur de Asia, se han comunicado conmigo para decirme que les he dado permiso para hablar de sus propias experiencias». Ella critica el tabú que rodea a la infertilidad y la donación de óvulos en algunas comunidades.
Christopher, quien ahora vive en El Salvador pero trabaja en Miami, reflexiona sobre el azaroso inicio de su vida: «Es tan interesante pensar que ese momento fue lo que desencadenó mi vida». Él y Gini mantienen un contacto regular, fortaleciendo el vínculo que comenzó en un vagón del metro londinense.
