Una experta en economía señala que las dificultades actuales para ahorrar entre la juventud mexicana se deben a un panorama económico adverso, marcado por crisis pasadas, precariedad laboral y el impacto de nuevas tecnologías, desmintiendo la idea de que solo buscan gastar en el presente.
Factores que generan incertidumbre
La Dra. Alejandra Villegas, académica de la Universidad Iberoamericana, identifica que una percepción colectiva de desesperanza respecto al futuro ha sido influenciada por eventos como la crisis financiera de 2008, la pandemia de COVID-19 y la precarización del empleo. A esto se suma la preocupación por el auge de tecnologías como la inteligencia artificial en el ámbito laboral.
Villegas sostiene que la noción de que millennials y centennials han renunciado a construir patrimonio responde más a discursos virales que a datos concretos. La especialista enfatiza que las condiciones económicas actuales son muy diferentes a las de hace cuatro décadas, restringiendo las posibilidades reales de ahorro.
Mecanismos de ahorro y desigualdades
Según datos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024, las mujeres jóvenes sí ahorran, destacando en ciertos rangos de edad como uno de los segmentos femeninos con mayor hábito. Sin embargo, Villegas señala que predomina el uso de estrategias informales como tandas, ahorro en casa o mecanismos comunitarios, en lugar de instrumentos financieros formales.
Los hombres aún concentran la mayor parte del ahorro formal y las aportaciones para el retiro. La posibilidad de ahorrar depende en gran medida del nivel socioeconómico, y muchas personas explican que no lo hacen porque «no les alcanza».
Barreras para proyectos de vida
El acceso a la vivienda se ha vuelto inaccesible para gran parte de los jóvenes, quienes necesitan más años de estudio y especialización, con gastos educativos crecientes, para acceder a empleos que muchas veces solo cubren lo básico. Esto contrasta con generaciones anteriores que podían adquirir propiedad con un solo ingreso familiar.
Las condiciones del mercado laboral, los bajos salarios y la falta de estabilidad también inciden directamente en decisiones personales como la maternidad o la formación de un hogar.
«Antes la presión social empujaba a ejercer la maternidad; hoy muchas veces las restricciones económicas influyen para que menos personas decidan formar una familia», afirma la especialista.
Llamado a un análisis con contexto
Desde la perspectiva de los Estudios de Género, la experta recuerda que las decisiones individuales están condicionadas por factores económicos, sociales y culturales. Por ello, hace un llamado a dejar de juzgar a las juventudes con lógicas simplistas y a analizar los fenómenos con evidencia y contexto.
En lugar de señalar a quienes priorizan el gasto presente, la académica recomienda fortalecer la educación financiera, mejorar las condiciones laborales y exigir políticas públicas que permitan proyecciones de futuro más estables.
