La primatóloga Birute Mary Galdikas, una de las científicas más destacadas en el estudio de los orangutanes y discípula del paleoantropólogo Louis Leakey, falleció el pasado 3 de abril a los 79 años, según un obituario publicado por The New York Times.
Trayectoria científica
Nacida en Wiesbaden, Alemania, el 10 de mayo de 1946, de padres lituanos que emigraron a Canadá y luego se establecieron en Los Ángeles, Galdikas se licenció en psicología por la Universidad de California. Su encuentro con Leakey durante una conferencia marcó el inicio de su carrera cuando le expresó su deseo de estudiar a los orangutanes, lo que la llevó a Borneo en 1971.
En el Parque Nacional Tanjung Puting, junto a su entonces esposo, el fotógrafo Rod Brindamour, instaló un campamento de investigación en un territorio remoto y pantanoso, plagado de sanguijuelas, mosquitos portadores de malaria y serpientes como pitones y cobras reales.
Logros y reconocimientos
Su trabajo de medio siglo la convirtió en la principal experta mundial sobre este gran simio, gravemente amenazado. En 1975, un artículo suyo para National Geographic, con una fotografía de portada donde cargaba a un orangután huérfano, logró llevar la atención internacional hacia la especie.
En 1986 fundó la Fundación Internacional del Orangután y en 1995 publicó el libro ‘Reflexiones del Edén: Mis años con los orangutanes de Borneo’. Su labor fue reconocida en 1997 con el Premio Tyler, considerado el Nobel en Ciencia Ambiental.
Desafíos y conservación
Galdikas declaró en el año 2000 que sentía estar presenciando un ‘holocausto’ debido a la destrucción de la selva tropical de Borneo y sus consecuencias para la extinción de los orangutanes. Las verdaderas amenazas, señaló, provenían de quienes se oponían a su trabajo para seguir traficando con los animales.
Al inicio de su estancia, el Servicio Forestal de Indonesia le encomendó rehabilitar crías de orangután confiscadas de quienes las tenían ilegalmente como mascotas, logrando reintroducirlas en su hábitat natural. Una cría llamada Sugito, de un año,
«se aferró a mí desesperadamente como si fuera su madre; cambiarme de ropa se convirtió en una tarea titánica, porque chillaba y agarraba todo lo que me quitaba; dormía acurrucado a mi lado y no me abandonaba ni siquiera al bañarme en el río».
Métodos y hallazgos
Su meticulosa investigación, que incluía levantarse antes del amanecer para seguir a los orangutanes, permitió documentar su naturaleza solitaria, el largo periodo de lactancia de las hembras —de seis a siete años— y los casi ocho años entre nacimientos, su dieta de más de 400 tipos de comida y el declive de su población.
Galdikas describió un encuentro inicial con un orangután:
«caminando con la cabeza gacha, ajeno a mi presencia y de repente se detuvo a menos de cuatro metros de distancia y se me quedó mirando fijamente, como evaluando la extraña escena de una mujer de rostro pálido con grandes gafas de sol negras que sostenía una bolsa llena de ropa sucia… no sentí miedo, solo me maravilló lo magnífico que se veía con su pelaje de un naranja brillante bajo la luz del sol y de repente, se dio la vuelta y desapareció».
Reflexión sobre el liderazgo
El texto concluye haciendo referencia a un artículo de opinión de Irene Vallejo publicado en El País, el cual señala que en los grupos de primates, el macho alfa y la hembra alfa trabajan juntos. Explica que el macho de mayor rango no es necesariamente el más grande o violento, y que su posición se define en un proceso político que depende de coaliciones. El artículo destaca que,
«en la naturaleza el macho alfa protege a los desvalidos, detiene peleas y mantiene al grupo unido».
