El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, condicionó este jueves la aprobación del acuerdo de cooperación nuclear civil con Arabia Saudita a que el reino se sume a los Acuerdos de Abraham, un plan de normalización de relaciones con Israel que impulsó durante su primer mandato. La exigencia, anunciada a través de su red Truth Social, generó dudas sobre el futuro del pacto en medio de la guerra con Irán y las tensiones por la proliferación nuclear en la región.
La condición de Trump y la reacción saudita
“El acuerdo de energía nuclear civil que se está negociando entre Estados Unidos y Arabia Saudita —el cual se limita exclusivamente a usos no militares, similares a los que ya tienen Irán, los Emiratos Árabes Unidos y otros países— será aprobado, pero está totalmente condicionado a que se adhiera a los muy respetados y exitosos Acuerdos de Abraham”, escribió Trump. Sin embargo, Arabia Saudita ha dejado claro que cualquier paso hacia la normalización con Israel debe ir acompañado de un avance en la creación de un Estado palestino, una postura que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, rechaza de plano.
La sombra de la guerra con Irán y la proliferación nuclear
El anuncio del acuerdo nuclear con el reino saudita ocurre en un momento crítico de la guerra que Estados Unidos mantiene con Irán desde hace casi cinco meses, conflicto que la Casa Blanca justificó en parte para evitar que el régimen de los ayatolás desarrolle armas nucleares. Aunque Trump insistió en que Arabia Saudita “no enriquecerá” uranio, el pacto —con una vigencia de 30 años y participación de empresas estadounidenses— ha desatado temores sobre una posible carrera armamentística en Medio Oriente.
En Israel, figuras de la oposición y exfuncionarios advirtieron sobre los riesgos. El ex primer ministro Naftali Bennett calificó el acuerdo como “un grave fracaso estratégico que pone en peligro nuestra seguridad”, mientras que el exministro de Defensa Avigdor Lieberman señaló que el programa nuclear civil saudita “culminará en armas nucleares y dará lugar a una carrera armamentística desmedida”. Por su parte, el ministro de Economía israelí, Nir Barkat, se mostró más cauto y dijo que si el acuerdo es para fines pacíficos, Israel puede “gestionarlo”.
El debate en el Congreso y las salvaguardias internacionales
El acuerdo deberá ser revisado por el Congreso estadounidense en los próximos días, donde enfrenta resistencias tanto de demócratas como de republicanos. El senador Ed Markey criticó el pacto por considerar que “potencialmente habilita la proliferación nuclear en Arabia Saudita e inicia una carrera armamentista en la región”. Además, preocupa que no incluya el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que permite inspecciones más estrictas.
El secretario de Estado, Marco Rubio, defendió el acuerdo durante una visita a Manila: “Cuando los países deciden emprender un programa nuclear civil con fines pacíficos, preferimos que lo hagan con nosotros antes que con otro país. Esto nos permite influir en la dirección que tome el programa”. El secretario de Energía, Chris Wright, quien firmó el pacto con su par saudita, desestimó las preocupaciones sobre proliferación y lo calificó como un asunto de interés económico y estratégico.
La oficina de Netanyahu emitió un comunicado en el que afirmó que la acción militar conjunta contra Irán “creó la posibilidad de ampliar el círculo de paz” y que la adhesión de Arabia Saudita a los Acuerdos de Abraham sería “un salto histórico hacia la paz en Medio Oriente”. Aún se espera que los detalles del acuerdo se hagan públicos en los próximos días.
