El autor analiza cómo el intervencionismo de Estados Unidos ha sido una constante a lo largo de su historia, desde la Doctrina Truman hasta el actual gobierno de Donald Trump, argumentando que, a pesar de los cambios en el estilo y el lenguaje, los fines imperialistas se mantienen.
El estilo de Trump y la tradición intervencionista
Jaime García Chávez califica a Donald Trump como “atrabiliario, soez y barbaján”, comparándolo con un “emperador romano en decadencia”. Sin embargo, el columnista sostiene que los intereses fundamentales de Estados Unidos siempre han sido claros: el país no tiene amigos, sino intereses. Esta política, con distintos matices, se ha mantenido desde el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe, doctrinas que, aunque envueltas en un lenguaje terso y persuasivo, han tenido resultados similares.
La Doctrina Truman: un precedente con lenguaje elegante
El texto contrasta el lenguaje de Trump con el del presidente Harry S. Truman, quien en su discurso ante el Congreso el 12 de marzo de 1947 sentó las bases de su doctrina durante la Guerra Fría. Truman, del Partido Demócrata, argumentó la necesidad de ayudar a Grecia y Turquía para contener el expansionismo soviético, utilizando un discurso que hablaba de “ayudar a los pueblos libres” contra “sistemas totalitarios”. Aunque el lenguaje era persuasivo y elegante, el resultado fue el mismo intervencionismo que, según García Chávez, persigue Trump con un estilo grotesco.
La continuidad del intervencionismo y sus consecuencias
El columnista señala que, pese a la caída del bloque soviético en 1989 y el supuesto “fin de la Historia”, la agresividad estadounidense continuó, ahora con un lenguaje cínico y violento. Afirma que el mundo islámico ha pagado el costo más alto en este proceso. Finalmente, critica la ausencia de México, Brasil y Colombia en la reciente “cumbre antiterrorista”, sugiriendo que al eludir el debate contribuyen a deteriorar los organismos internacionales y el derecho internacional.
