La NASA ha informado que el asteroide 99942 Apophis, con un tamaño comparable a la Torre Eiffel, se acercará a 32 mil kilómetros de la Tierra el 13 de abril de 2029. A pesar de su proximidad histórica, los expertos descartan cualquier riesgo de impacto durante al menos los próximos cien años, transformando este evento en una oportunidad científica única para estudiar los orígenes del sistema solar.
Este cuerpo rocoso, que mide 450 metros en su eje longitudinal y 340 metros de diámetro, fue bautizado popularmente como el ‘Dios del caos’ en referencia a la deidad egipcia Apep. Sin embargo, la NASA ha tenido que intervenir para desmentir rumores de colisión, asegurando que la trayectoria está calculada con precisión milimétrica y que el sobrevuelo será más cercano que la órbita de algunos satélites geoestacionarios.
Origen y composición
El asteroide se formó hace aproximadamente 4 mil 600 millones de años en el cinturón principal entre Marte y Júpiter, desde donde fue desplazado por la influencia gravitatoria de planetas gigantes. Clasificado como tipo S, está compuesto principalmente por silicatos, níquel y hierro, materiales que podrían revelar secretos sobre la formación de planetas rocosos.
Patrick Michel, investigador del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, destacó que por primera vez la naturaleza trae un asteroide para realizar un experimento directo. Durante el acercamiento, la gravedad terrestre ejercerá fuerzas de torsión y compresión, lo que podría provocar deslizamientos de tierra observables desde el espacio.
Preparativos globales
La Agencia Espacial Europea (ESA) también se prepara para el evento, con misiones de reconocimiento y sondas de observación en fase de planificación. Richard Moissl, responsable de la Oficina de Defensa Planetaria de la ESA, subrayó que esta situación demostrará la capacidad humana para desplegar misiones rápidas de interceptación y estudio de asteroides.
Los telescopios terrestres y observatorios espaciales trabajarán en conjunto para mapear la superficie del asteroide, aprovechando el seguimiento continuo durante meses. Este nivel de coordinación internacional marca un antes y un después en los protocolos de defensa planetaria, utilizando el acercamiento seguro como un simulacro a gran escala.
El paso de este gigante rocoso transformará la comprensión del universo cercano, ofreciendo una claridad sin precedentes sobre los albores del sistema solar, lejos de ser un presagio de caos.
