La isla celebra el centenario del nacimiento de Fidel Castro, pero las festividades oficiales contrastan con la realidad diaria de apagones, escasez de alimentos, medicinas y combustible que azota a la población.
El 13 de agosto marca 100 años del nacimiento del líder revolucionario, pero la conmemoración se da en un contexto de una de las crisis más severas de las últimas décadas en Cuba. El Partido Comunista, único partido permitido, ha organizado exposiciones, conciertos y conferencias para la ocasión.
La dualidad de la celebración
Por un lado, está la figura histórica de Fidel Castro, el comandante que desafió a Estados Unidos y mantuvo el proyecto revolucionario. Por el otro, una Cuba donde conseguir alimentos es una batalla diaria y los cortes de electricidad son rutina. La celebración oficial y la vida cotidiana parecen transcurrir en dos escenarios paralelos.
Leonel Suárez, un electricista de 54 años, besa una fotografía del líder antes de colocarla en la ventana de su casa. Conserva sus recuerdos en un pequeño bar, pero la realidad económica lo ha puesto a prueba: un turista le ofreció 100 dólares por una foto de Castro. «Hay que vivir», dice Suárez, reflejando el dilema de la Cuba actual.
El legado en disputa
Para algunos, como Rogelio Valdivia, un chapista de 54 años que se define como «fidelista», Castro era un factor de cohesión. «Ya Fidel no está y todo el mundo no tiene la capacidad que tenía Fidel», afirma. Sin embargo, el rostro de Castro es cada vez menos visible en las calles, ya que una ley prohibió erigir monumentos en su honor tras su muerte.
Ángela Gutiérrez, de 86 años, creció bajo el sistema revolucionario y recibió sus beneficios, pero hoy se siente «decepcionada». Después de no poder comprar lo que necesitaba por los altos precios, reclama: «¿Por qué quitan la luz tanto? Están acabando con la vida de la gente». Su testimonio cuestiona hasta dónde alcanza el crédito histórico de la Revolución.
Una sociedad dividida
El historiador y opositor Manuel Cuesta, de 63 años, recuerda que veía a Castro como «el redentor», pero esa imagen «se fue deteriorando con el tiempo». Ahora, cree que una parte de los cubanos lo identifica como el «responsable originario de este desastre nacional». Para él, ser opositor fue durante años «una condena absoluta al ostracismo».
Hassan Pérez, historiador y antiguo colaborador de Castro, reconoce que el centenario llega «en las condiciones más complejas que se podrían haber imaginado» y que el pacto social de la Revolución «se ha erosionado». Mildred Barreto, auxiliar de limpieza de 66 años, aún lo llama «nuestro comandante», pero admite: «Se pasa mucho trabajo. Con nuestro comandante, no».
Para Suárez, Fidel habría enfrentado la crisis con «mucha estrategia (…) metiendo el cuerpo duro por su pueblo». Para sus críticos, la crisis es parte de su legado. La Cuba del centenario sigue discutiendo qué significó la Revolución y si sus sucesores están a la altura del desafío.
