La guerra entre Irán y Estados Unidos entra en una fase crítica tras siete meses de combate, con Teherán mostrando una resistencia que desafía tanto la presión económica interna como el despliegue militar estadounidense. A pesar de los ataques a su infraestructura de defensa, el gobierno iraní mantiene su estrategia de desgaste, buscando elevar los costos políticos y económicos para la administración de Donald Trump.
Resistencia militar y tensiones en el estrecho de Ormuz
Aunque la frecuencia de los lanzamientos de misiles balísticos iraníes ha disminuido, la capacidad operativa de la nación islámica se mantiene mediante el uso de drones y misiles de crucero, cuya producción es más ágil. Según Mohammad Ghaedi, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad George Washington, «Irán probablemente podrá mantener su capacidad para realizar lanzamientos durante mucho tiempo, aunque con menor intensidad, y aún así podrá causar perturbaciones en el estrecho de Ormuz».
Por su parte, el viceministro iraní de Exteriores, Kazem Gharibabadi, respondió de forma directa a las amenazas de Donald Trump sobre tomar control del estrecho de Ormuz, señalando que «el estrecho de Ormuz no se puede conquistar con un tuit ni con portaaviones, ni mediante la emisión de una orden ni con un discurso electoral». El diplomático reiteró que la ruta seguirá bajo control iraní mientras Washington no acepte la realidad del conflicto.
Crisis económica y desempleo en Irán
El panorama financiero en Irán es severo. El país enfrenta una inflación que ha alcanzado el 62% a nivel nacional, con picos superiores al 101% en provincias como Hormozgan. El impacto en el empleo es igualmente alarmante: el viceministro de Trabajo de Irán reportó que la guerra ha provocado la pérdida de más de un millón de empleos, dejando a cerca de dos millones de personas en situación de desempleo.
El Fondo Monetario Internacional proyecta una contracción económica del 5,4% para el año 2026, agravada por las restricciones a la navegación en el estrecho de Ormuz, punto clave para el comercio de petróleo mundial.
Desgaste de la flota estadounidense y riesgos en el Pacífico
La estrategia de Donald Trump ha llevado a la Marina de los Estados Unidos al límite. El despliegue prolongado ha obligado al USS George Washington a abandonar el Pacífico para cubrir operaciones en Oriente Medio, dejando una brecha de seguridad en la región frente a la creciente agresividad de China. Analistas advierten que la ausencia de portaaviones en el Pacífico envía un mensaje de distracción a los aliados regionales.
El agotamiento de las tripulaciones también es un factor determinante. Robert Farley, experto en seguridad nacional, explicó que «la gente no descansa lo suficiente. Es psicológicamente agotador. Y el descanso y la recuperación forman parte de mantener sana a la tripulación». Además, la falta de planificación para un conflicto de larga duración ha generado un cuello de botella en los astilleros estadounidenses para el mantenimiento de los buques.
