La Zona Metropolitana de Monterrey presenta un déficit de áreas verdes del 67 por ciento en comparación con los estándares internacionales. Según un estudio de Consejo Nuevo León, cada habitante cuenta con apenas 2.99 metros cuadrados de espacios naturales, una cifra que queda muy por debajo de los nueve metros cuadrados mínimos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ONU-Hábitat.
Este panorama revela que las zonas verdes ocupan solamente el 1.41 por ciento del territorio metropolitano. El problema se ha agudizado debido al acelerado crecimiento de la ciudad; entre los años 1990 y 2020, la mancha urbana se expandió un 131 por ciento, pasando de 124 a 287 kilómetros cuadrados, mientras que la población se duplicó casi en su totalidad, subiendo de 2.7 a 5.3 millones de personas.
Propuestas para combatir el déficit ambiental
Ante esta situación, Consejo Nuevo León subrayó que los parques, jardines y corredores naturales son vitales para controlar la temperatura, permitir que el agua se filtre al suelo y brindar espacios para el ejercicio y la convivencia social. Para revertir la tendencia, la organización sugirió proteger la naturaleza que aún queda, rescatar zonas verdes y sumarlas a la planeación de la ciudad mediante la reforestación.
Una de las estrategias planteadas es la formación de un Sistema Metropolitano de Parques. Este modelo buscaría conectar los espacios verdes entre los distintos municipios bajo criterios de planeación compartidos, aunque manteniendo la responsabilidad de los parques vecinales a cargo de cada ayuntamiento.
Necesidad de coordinación entre autoridades
El cuidado de zonas críticas, como el Río Santa Catarina, fue mencionado como un tema que requiere decisiones que vayan más allá de las fronteras municipales por su valor ambiental y su impacto en el ordenamiento del territorio. Durante la comparecencia del secretario de Medio Ambiente, la organización insistió en que el Estado y los municipios deben trabajar de la mano para enfrentar retos comunes como la mala calidad del aire, la escasez de agua y las altas temperaturas.
Finalmente, se destacó que la Ley de Coordinación Metropolitana podría servir para establecer prioridades y compartir datos técnicos. Una planeación conjunta permitiría que los proyectos ambientales de largo plazo y la conservación de los ecosistemas se tomen en cuenta al decidir sobre la infraestructura y el desarrollo de la región.
