Un tribunal en Kenia dictó una sentencia de 200 años de prisión contra Paul Mackenzie, quien encabezaba una secta de corte apocalíptico. El fallo responde a su responsabilidad en la muerte por inanición de 190 niños en la zona del bosque de Shakahola, un suceso que ha sacudido la historia reciente de la nación africana.
La jueza Diana Kavedza fue la encargada de emitir la condena, la cual se divide en dos periodos de 100 años cada uno: uno por homicidio directo y otro por asesinato derivado de la falta de alimento. Mackenzie operaba una iglesia con creencias sobre el fin del mundo cerca de Malindi, una ciudad en la costa, donde instaba a sus fieles a dejar de comer para alcanzar el cielo antes de un supuesto cataclismo.
Detalles de las prácticas de la secta
Las pesquisas judiciales confirmaron que tanto niños como adultos eran obligados a realizar ayunos extremos. Para asegurar que nadie rompiera estas reglas, los colaboradores de la organización utilizaban amenazas, golpes y vigilancia constante contra las víctimas.
El escándalo salió a la luz en abril de 2023, cuando se localizaron múltiples cadáveres ocultos en el bosque de Shakahola. Aunque la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia reportó el hallazgo de al menos 448 cuerpos en fosas y diversas áreas, el proceso judicial actual se centró específicamente en el caso de los 190 menores y un adulto.
Investigaciones en curso y testimonios
Las autoridades describieron escenas desgarradoras, mencionando que algunos cuerpos aparecieron en letrinas hechidas de forma improvisada y que otros pudieron haber sido sepultados con vida. Actualmente, Mackenzie tiene pendiente otro juicio relacionado con la posible muerte de 52 personas en una comunidad cercana a Shakahola, caso en el que el acusado se ha declarado inocente.
Si se comprueba su culpabilidad en todos los expedientes, la cifra de víctimas vinculadas a la secta podría llegar a las 500 personas. Durante las audiencias, familiares compartieron el dolor de la tragedia; Stephen Mwiti, padre de seis menores fallecidos, relató cómo su esposa, también condenada por colaborar con el grupo, llevó a sus hijos al lugar donde murieron de hambre. Por su parte, Dan Mackenzie, hijo del propio líder religioso, afirmó haber perdido a amigos y parientes por las conductas de la organización.
