La selección de España ha conseguido su boleto a la final del Mundial 2026, luego de un torneo que arrancó con dudas y críticas, pero que terminó consolidándose como una de las revelaciones del certamen. Bajo la dirección de Luis de la Fuente, el equipo demostró una evolución táctica y una defensa casi impenetrable, recibiendo apenas un gol en siete partidos previos al duelo por el título.
Un debut que encendió las alarmas
El camino de España comenzó de manera inesperada con un empate sin goles ante Cabo Verde. Aunque el equipo dominó la posesión y generó 27 remates, el portero rival, Vozinha, se convirtió en una muralla que evitó cualquier anotación. Este resultado generó una ola de críticas sobre la capacidad ofensiva de la vigente campeona de Europa, aunque con el paso de los partidos se entendió que Cabo Verde no era un rival tan sencillo como se pensaba.
La reacción con Lamine Yamal y el liderato en el grupo
Lejos de venirse abajo, la respuesta de España llegó en el segundo partido ante Arabia Saudí. De la Fuente hizo cuatro cambios en el once titular, destacando el regreso de un recuperado Lamine Yamal y la consolidación de Dani Olmo como pieza clave. El resultado fue una goleada de 4-0 que devolvió la confianza y la fluidez al juego del equipo.
El cierre de la fase de grupos fue en Guadalajara, México, ante Uruguay. En un partido de mucha intensidad física, España sufrió pero logró imponerse por la mínima (0-1) con un gol de Álex Baena. Esta victoria le dio el liderato del grupo y, además, le permitió evitar el lado del cuadro donde estaba Argentina, postergando un posible duelo hasta la gran final.
Dieciseisavos y octavos: Oyarzabal y Merino como figuras
Con el nuevo formato del Mundial, España se enfrentó a Austria en dieciseisavos de final. El equipo resolvió el partido con autoridad, teniendo un 64% de posesión y sin permitir ni un solo remate a puerta. Mikel Oyarzabal se consolidó como el goleador estrella al firmar un doblete que encaminó el 3-0 final.
En octavos de final llegó la primera gran prueba de fuego: una final anticipada contra Portugal, equipo que había vencido a España en la Liga de Naciones 2025. El partido fue de máxima tensión y estuvo muy controlado. Cuando todo parecía destinado a la prórroga, apareció Mikel Merino al minuto 91 para anotar el gol de la victoria, iniciando una racha providencial como revulsivo de lujo para el equipo.
Sufrimiento en cuartos y exhibición táctica en semifinales
En cuartos de final, Bélgica puso a prueba a España. Charles De Ketelaere le marcó el único gol que ha recibido el equipo en todo el torneo a Unai Simón. Sin embargo, la selección volvió a tirar de épica y nuevamente Mikel Merino apareció en los minutos finales (minuto 88) para sellar el 2-1 definitivo. En este partido, De la Fuente decidió darle la titularidad a Fabián en lugar de Pedri, un ajuste que terminó de equilibrar el mediocampo.
La semifinal ante Francia fue la actuación más completa de España. Enfrentándose a la gran favorita y selección más goleadora del torneo, los de De la Fuente minimizaron por completo a figuras como Mbappé, permitiendo solo tres remates a puerta sin peligro. Tras la derrota por 0-2, el propio Mbappé reconoció que España los había superado tácticamente, confirmando que La Roja ha pasado de ser una sorpresa a convertirse en el rival a batir.
Un bloque sólido y coral
La estadística que mejor explica el éxito español es su increíble solidez defensiva: solo un gol en contra en siete partidos. Este registro se complementa con una aportación goleadora coral, liderada por los cinco tantos de Oyarzabal, pero apoyada por nombres inesperados como el lateral Pedro Porro, quien con dos goles se sitúa como uno de los máximos anotadores del equipo. Es la victoria de un bloque donde todos suman y nadie es imprescindible por encima del grupo.
